
¡Y no lloramos!
<<Poseerá una gran inteligencia que le permitirá aprender con rapidez cómo funciona todo a su alrededor. Su curiosidad será enorme y su sociabilidad también. Se sentirá atraído por lo extraño, por lo distinto y por lo que tenga color y vida. Por lo tanto, no se le deberá perder de vista cuando comience a caminar. ¡Le atraerán los equipos electrónicos, televisores, radios, teléfonos, computadoras, todo! llegará a meter sus deditos en todos los controles produciendo ataques de nervios a los adultos de su alrededor. Es preferible enseñarle el uso correcto de los equipos, antes que prohibirle tocarlos. Este niño puede llegar a ser prodigio, su capacidad de aprendizaje es única.
Tratamos de aprovechar el tiempo al máximo en estas últimas semanas llevando a Pablo a sus lugares favoritos y presentándole otros que pensamos le gustarían. Una vez más, comprobamos que el sueño imprevisto puede echar por tierra la mejor de las planificaciones, como sucedió cuando visitamos el Baby Zoo y, aunque parecía despierto, casi no se dio cuenta de que estaba rodeado de animalitos de esos que disfruta perseguir. Pero los sueños inesperados también tienen su lado bueno y hemos aprendido a aprovecharlo, de manera que gracias a una siesta atravesada pudimos disfrutar muy tranquilamente de vino y fondue en el Ávila muy románticamente y sin tener que alternar los bocados con las carreras persiguiendo al pequeño.
Cuando abrí este espacio, más que una forma de documentar mi maternidad, lo hice pensando en que sería un regalo único para ese bebé que venía en camino. Sigo con la misma idea, aunque es poco lo que he compartido por acá últimamente. Creo que le debo unas líneas al agasajado sobre qué ha sido de nuestras vidas.
De Pablito puedo decir que es grande y fuerte, la mayoría de las personas le calculan más edad y sólo es un bebecito de poco más de año y medio. Tiene una sonrisa que cautiva, mira con picardía cuando le conviene y las niñitas se vuelven locas por él –también las no tan chicas-. Su estilista soy yo, y no sólo me encargo de encontrarle ropita que no sea la típica del carrito horrible de varoncito, también doy forma a su frondosa y suave cabellera… ¡y cada vez me queda mejor!
Hace unos días he cambiado el nombre al blog nuevamente. Lo esperamos ilusionados, llegó muy puntual y lo acompañamos en sus primeros pasos. Ahora corre, cae y se levanta; ríe, grita, saluda, parlotea y "conversa"; canta y baila; finge, actúa, regaña, voltea los ojos, se pone bravo; pinta, mira a los pájaros, inquiere a los perros, pisa hojas secas, recoge semillas, tiene zapatos favoritos, canal favorito, programas favoritos, y, para nostalgia de su mami, su cuerpo se va alargadando rápidamente y sus formas se van estilizando… Pablito crece.



No tengo carro, nunca he tenido ni me ha interesado tener. Siempre me había resultado cómodo moverme a pie, en Metro o en taxi evitando las horas fuertes, o ser copiloto de mi esposo, hermana, padres y amigas. Ésta es otra de mis realidades que cambiaron con el nacimiento de Pablo.
Iba a tomar un taxi de la línea del centro comercial para volver. Andaba a paso normal, como va alguien que lleva un coche con un bebé y bolsas, me faltaba como un metro y medio para llegar al taxi cuando me sobresaltaron unos pasos apresuradísimos: una gorda y un gordito (su hijo) me pasaron rapidito y se encaramaron en el taxi casi sin aliento, en pocas palabras, se me colearon vulgarmente. 
Me imaginaba el disfraz de Pablo curioso, peculiar, fuera de lo común, que no fuese de los de siempre, esos que, seguramente, él mismo nos va a pedir dentro de unos pocos años (como Batman, Superman, Spiderman). Una vez más, de las ideas a los hechos hubo grandes diferencias.
Por allí he leído que cuando se tiene un hijo es inevitable despertar un montón de recuerdos de infancia que habían estado dormidos –casi desaparecidos- durante mucho tiempo, que de alguna forma añoramos esa etapa y que terminamos entendiendo tantas cosas antes no comprendíamos sobre nuestros padres y hasta nos acercamos más a ellos. Todo muy cierto, y día a día lo sigo comprobando.
Luego de un día de múltiples actividades, nada como cuando llega el momento de tomar la posición horizontal y dejar que la columna adopte la forma del colchón: terminamos de ver CSI, habitación oscura, frío nocturno, cobija calientita y… ¡llanto de Pablo!
Pablo pronto cumple un año. Qué rápido... Qué año...
Navidades en casa de la abuela. Pablo aguantó el sueño toda la noche, pero bastó la aparición de los regalos para que recuperara fuerzas. Un carrito -cortesía del Niño Jesús-, una mesita de juegos, un teléfono loco y su pequeño tocayo de Backyardigans lo emocionaron y acapararon su atención hasta pasada la medianoche. Él mismo se encargó de quitarles el envoltorio, mientras que para mamá y papá, él fue el mejor presente. He aquí una pequeña muestra.